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Comprar una trampa de luz es solo la mitad del trabajo. La otra mitad —la que realmente define si captura insectos o si se convierte en un adorno de pared— pasa por dónde se instala y cómo se mantiene.
Repasamos acá los errores más frecuentes y cómo evitarlos, para que cada trampa —sea una L25 de un tubo o una L60 de dos— trabaje al máximo dentro de tu programa de MIP (Manejo Integrado de Plagas).
Antes de pensar en el equipo, hay que pensar en el punto de instalación. Tres reglas simples evitan la mayoría de los problemas:
Tip práctico: si el establecimiento tiene luminarias generales cálidas o de sodio en el sector, la trampa se vuelve comparativamente mucho más atractiva para los insectos, porque no tiene competencia visual.
Los insectos voladores de interés en control de plagas suelen desplazarse en un rango de vuelo bastante consistente. Instalar la trampa a 1,50–1,80 m del piso ubica la fuente de luz justo en esa franja, en lugar de por encima o por debajo de donde realmente circulan. Nuestras L25 y L60 están pensadas para montaje mural; vale la pena confirmarlo con un metro al momento de instalar, no "a ojo".
Acá está el error más subestimado: una trampa puede verse impecable por fuera y estar rindiendo la mitad por dentro.
Tip práctico: llevar un registro simple de fecha de instalación por tubo (una etiqueta con marcador sobre el cuerpo de la trampa alcanza) evita depender de la memoria del técnico de turno.
Hay que anticiparse: cambiarla quiere decir sustituirla al llegar a un nivel de captura moderado, no esperar a que esté saturada. Con espacio libre insuficiente, los insectos más grandes pueden quedar mal adheridos, desprenderse y caer sobre el piso o superficies cercanas —perdiendo además valor como registro para el monitoreo, que es una de las funciones más importantes de la trampa dentro de un programa de MIP.
Polvo, restos de insectos y residuos de adhesivo sobre el protector reducen la salida de luz UV con el tiempo, del mismo modo que un vidrio sucio deja pasar menos sol. Un paño húmedo con detergente neutro o un limpiador a base de cítricos alcanza para el mantenimiento periódico.
Una trampa de luz bien ubicada, a la altura correcta y con sus componentes al día es una herramienta de monitoreo y control real. La misma trampa, mal instalada o con tubos vencidos, es en el mejor de los casos ineficaz y en el peor, un foco de no conformidad frente a una auditoría.
Si estás por instalar o renovar trampas de luz, escribinos y te asesoramos — para eso estamos.
Este artículo retoma y adapta, para nuestros clientes, los lineamientos técnicos publicados por Marcelo Pereira en "Los diez mandamientos para el uso eficaz de trampas de luz", Latamplagas, Edición 19.
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